lunes, 10 de mayo de 2010

All Inclusive

¿Cuántos años más, cuánto tiempo? ¿Qué tantas nuevas veces vas a decirme que no vamos a ningún lado? Yo te amo desde el barro de donde me hicieron, desde la costilla de donde saliste, desde el fango que se mete entre las uñas y los dedos. Te amo desde el polvo de estrellas que se fue depositando en los párpados del tiempo. Te amo desde el cúmulo de células muertas que se dispersan con el viento.
No me digas que me hago el tonto, no me digas que por orgullo no estoy solo. La soledad es el bálsamo sobre el cual nadan mis suspiros. La soledad es proveedora de noches y noches de silencio... la soledad es, como la muerte, el sitio último al que aspiro. Verás, que no le temo a la soledad ni me incomoda, y más orgullo sentiría yo siendo un lobo solitario que volviendo al nido. Pero el amor no sabe de esas cosas, ni de clavos, ni de olvido. No seas fatalista, mujer. ¿Qué importan los quintos versos concluídos?
Tu y yo una noche abrazados nos juramos, no voltear atrás, no preguntar, no comerse las uñas por saber. Tú llegaste a mí como yo llegué a ti: con la nostalgia inmaculada. Tanto abrí mis puertas a tus ojos y mi boca a tus caprichos que pudiste leer en lo más hondo de mi conciencia viejas palabras como cicatrices. Disculpa que yo no pueda despedirme tan fácil de mis textos. Mi producción no es ni tan extensa ni tan buena como para descartar ni los más humildes esfuerzos. Yo soy como el hurón que almacena en primavera. Yo soy un colector de pasadas emociones.
Mi corazón es tuyo, tan puro, noble y rojo, tan a la izquierda y tan cojo, tan hecho para entrar entre tu puño. Así ha sido desde la vez primera, desde la mítica borrachera en el malecón donde me decidí a tomar la carretera para ir a perderte la razón. Tú lo sabes, por debajo de los celos lo sabes, por entre las sospechas, lo puedes leer perfectamente si pones tus temores entre tus ojos y el Sol. Tú sabes que aunque no eres la primera sí eres la mejor. Sabes que llegaste para barrer todo sedimento, todo escombro, toda ruina. En mi corazón mucho antes de decirte "serás mía" ya no había ningún signo de interrogación. Yo soy sincero en lo que siento y tú eres la única que ronda en mi pensamiento.
Fabiola, Fabiolita linda. Lamento no ser el primer hombre sobre la tierra, y me destroza que no seas tú la primera mujer. Qué más quisiera yo que tener mil virginidades que darte. Que jamás hubiera yo sufrido por otra, que jamás hubiera amado jamás. Cómo me encantaría que fueras tú la que sacara emociones del canasto del mercado y me enseñaras a comer. De tu mano conocer olores y sabores, de felicidad y desesperación por igual. Poder mostrarte mi dolor vacío, y que lo llenaras con tu soledad. Besar tus labios no besados, beber tus ojos bien abiertos, aprender contigo cómo es tocar. Es una lástima, llegamos diez mil años de manzanas mordidas tarde. Llegamos ya expulsados del Edén, vestidos, muertos de hambre. Aprende a quererme como soy, "All Inclusive" y créeme. Créeme que quisiera estar comenzando a vivir, ver la luz por vez primera. Créeme que lamento no haber guardado jamás, por desesperanza, las palabras: amor, dolor, flaca, primavera.
Tenme así, desnudo de versos, explorado con detalle en cada entrada publicada y guardada. Yo soy un compendio de nostalgias y tú eres mi más grande razón para escribir. Tenme como yo te tengo a ti: sana y salva del pasado que te hostiga y dispuesto a llenarte la boca de sonrisas.

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