miércoles, 12 de mayo de 2010

Yo llevo tu sonrisa como bandera…

Amor, princesa, flaca. Pera, compañera, mi negra. Carne, nalga, pompi. Fabiola, Fabiolita linda, amor. Cómo me hace falta tu sonrisa aquí en el camión. ¿Seguiremos viajando juntos? La pregunta es esa y cuando digo viajar, no digo en camión hacia Coatzacoalcos, no digo hacia Las Choapas con chofer. Cuando escribo viajar digo vivir, amor… vivir. Quiero tenerte a un estirón de brazo de distancia, a un giro de cuello máximo de noventa grados, a un parpadeo y cuando digo conmigo, no te digo con tu novio, con tu esposo, con tu payaso. Cuando escribo conmigo digo conmigo, amor… conmigo. ¿Entiendes lo que digo? (La pregunta correcta era: ¿Sientes lo que yo?) Dejémonos de ridiculeces absurdas, si yo soy enamoradizo y tú no crees en el matrimonio sigue siendo una diferencia menor, seguimos estando de acuerdo en lo fundamental. Jajaja me acabas de hacer ver que casi no nos besamos. ¿Te parece? Yo llevo siempre tu nombre en los labios, te voy repitiendo cada minuto, pensarte es besarte. Te llevo como llevo a mi guitarra a donde voy. Te llevo conmigo en mi llavero, en mi cartera, en el celular y en los ojos y llevo tu sonrisa como bandera. Vas metida en el huequito que tengo en el tórax por debajo de la axila, entre mis dos costillas más separadas, a la altura del corazón.

Está súper cómodo este camión. Nunca había viajado en el Platinum, cuando nos vayamos a Las Choapas en verano viajaremos por aquí. Puedo traer la lap conectada para que no se descargue, cada quien trae su pantalla individual para ver lo que queramos (que de todos modos ya sé que terminaremos viendo ambos lo que a ti te guste para irlo comentando) y los asientos se convierten en cama como los de Primera Plus. El único inconveniente que le veo es que están los asientos demasiado anchos y tendría que tenerte lejos. Yo te quiero cerquita de mí, por debajo de mi piel de ser posible. Lo bueno es que los descansos para los brazos son movibles y eso nos permitiría acurrucarnos. Tenemos mantitas y almohadas, cafetería y lugar donde guardar los refrescos (gratis, por cierto). Los choferes muy amables entraron, dieron las buenas tardes (uno de los dos, burro, dijo “buenas noches, digo, tardes”), se presentaron, dieron las buenas tardes, nos dijeron el itinerario, dieron las buenas tardes y dieron las buenas tardes de despedida. Acto seguido media vuelta y se encerraron en la cabinita. Acá nos quedamos solos. Viene medio vacío el camión es lo bueno y como cada quien trae su pantalla y sus audífonos hay mucho silencio, lo cual se agradece. La película del tipo que va delante de mí se ve buena.

Amor, cachetona, gorda. Yo soy el soldado en tu trinchera, yo soy bala feroz al centro del combate, yo llevo tu sonrisa como bandera, yo te llevo como llevan las flores a la primavera. Eres Patria, identidad, casa. Eres el acta de nacimiento en donde aparezco asentado en Las Choapas. Ya no tengo que buscar demasiado lejos de ti, todas las respuestas caen bajo tu sombra. Contigo sé que seré capaz de darle la vuelta a la nostalgia, cazar tormentas, atormentar a la distancia. Yo soy el capitán del barco y tú eres el alba. Me voy a dormir ahora, quedan muchas horas de viaje todavía hasta tu casa. Ya quiero llegar para abrazarte y llenarte de besos, pero mientras déjame darte aquí, ahora, un beso sin prisa. Déjame ponerle marco a mi caricia y colgártela en el pelo. Déjame pedir que me acompañes soñando hasta la Luna y plantar en su mollera, en señal de la más grande conquista: mi bandera… tu sonrisa.

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